Por: Luisa Fernanda Varón Romero.*
En Colombia, la palabra ha sido históricamente un campo de batalla. El estigma a la palabra, a la voz y a las narrativas se ha evidenciado desde el bipartidismo, donde se silenciaron las voces de los territorios, de la diversidad y del pluralismo hace más de 50 años, dicha voz ha sido despojada de su valor.
Desde diferentes lugares, las personas que alzan su voz por causas como la niñez, la defensa ambiental, la justicia social, el derecho a la educación, o la defensa de los derechos de las mujeres, se han considerado “enemigas del desarrollo”, “auxiliadoras” o “problematizadoras”. Por eso, la asistencia de Cobsepaz al lanzamiento de la campaña “Tejido Vivo” de la Defensoría del Pueblo — el pasado 6 de mayo de 2026 — no fue un acto protocolario; fue una reafirmación de nuestra misión de desarmar la palabra para cuidar nuestras narrativas como garantía de vida y motor de transformación social.

Las cifras son frías, pero el dolor que esconden es latente. Según los registros de la Defensoría del Pueblo de Colombia, más de 1.676 líderes y lideresas han sido asesinadas en la última década. Por su parte, el Observatorio PAZES ha documentado que, desde la firma del Acuerdo de Paz en 2016 hasta la fecha, se han perpetrado 492 asesinatos contra personas firmantes de paz, muchas de las cuales participaban en proyectos productivos o ejercían roles de liderazgo fundamentales en las comunidades que las acogieron nuevamente para la reconstrucción del tejido social.
Esta sistematicidad responde a un mecanismo sutil y devastador que en nuestros informes especiales hemos denominado “Genocidio por Goteo”: una eliminación pausada pero constante de las voces que sostienen el tejido comunitario, buscando el exterminio de proyectos políticos y sociales – como el que se aplicó a la UP – sin activar las alarmas internacionales que encendería una masacre de gran escala.
Violencias multidimensionales: más allá del ataque físico
La “estigmatización” es la puerta de entrada a agresiones que fracturan la dignidad y la autonomía. Esta violencia se manifiesta de varias formas: simbólica y sexual, especialmente contra mujeres y cuerpos feminizados, como una herramienta de control territorial.
Asimismo, se expresa en lo económico y patrimonial, mediante el sabotaje a los proyectos productivos en la ruralidad, muchos de los cuales cuentan con una robusta participación colectiva que es vital para la subsistencia de las familias. La Agencia Nacional de Reincorporación, registra 4.245 proyectos productivos de agricultura, ganadería, confecciones y productos como vino y cerveza, entre otros, que buscan la sostenibilidad de las y los firmantes de paz y sus familias.
Finalmente, la violencia política se hace presente con la negación sistemática del derecho a la participación y la representación mediante diferentes tipos de actos violentos como la discriminación, la invisibilización, la distorsión de los discursos públicos, la mentira y la calumnia, el hostigamiento en diferentes ambientes sociales y políticos, incluso el amedrentamiento con amenazas, persecución, gritos, burlas y hasta agresiones físicas y digitales. Cuando se impide que una voz lidere su región, se está mutilando la democracia.
Pero, no solo se daña con la lengua; el daño se materializa mediante acciones de coacción, discriminación, rechazo y mecanismos sofisticados como la violencia vicaria, que instalan el miedo como una sombra permanente sobre la vida cotidiana de hombres y mujeres, hechos que añaden mayor énfasis en la necesidad de desarmar la palabra para construir paz.
Al respecto, se nos hace importante traer a colación la creación de la Ley 2453 de 2025 que busca garantizar la participación paritaria, segura y en condiciones de igualdad para las mujeres en todos los espacios políticos y democráticos del país, a través de medidas para prevenir, atender, rechazar y sancionar la violencia contra las mujeres en el ámbito participativo y político, así como mecanismos de protección asentados en los partidos políticos y las autoridades electorales.
Este se ha convertido en un verdadero hito histórico, fruto de la incidencia social, institucional y legal del movimiento de mujeres y las organizaciones feministas del país, en un proceso que viene fortaleciéndose notoriamente y que debe extenderse a las ruralidades colombianas para que la paridad y la igualdad de oportunidades en lo político también sea una realidad en los territorios.
Gobernanza colectiva: el escudo de la paz territorial
Este ecosistema de protección sólo será sostenible si se fundamenta en una gobernanza territorial multiactor, donde la seguridad deje de entenderse como una respuesta reactiva del Estado y pase a ser una construcción colectiva. La verdadera eficacia reside en el diálogo horizontal entre las organizaciones de base —quienes poseen el pulso real del riesgo— y la rigurosidad de la academia, junto al compromiso de las instituciones y la cooperación internacional.
Al integrar en una misma mesa a víctimas, personas en reincorporación, comunidades étnicas y liderazgos socioambientales, no solo estamos sumando esfuerzos logísticos para las resistencias en defensa de los territorios, sino que estamos activando una inteligencia social que permita anticiparse a la violencia. N l
Esta sinergia es la que nos permite diseñar una herramienta para medir los riesgos físicos, así como evaluar la temperatura del discurso público y la seguridad humana, con el fin de preparar colectivamente mecanismos de autoprotección. Pero si el lenguaje institucional y mediático no cambia, no habrá esquema de protección que baste.
Queremos que dicha herramienta, desarrollándose desde Cobsepaz, con nuestra Cátedra de Paz, trascienda el papel y se convierta en escudo comunitario, demostrando que la paz territorial no es un producto acabado, sino un proceso continuo de interdependencia, donde la vida de cada integrante del tejido social es la medida del éxito de toda la comunidad.
Desarmar la palabra desde el periodismo como escudo
El evento organizado por la Defensoría del Pueblo en Bogotá contó con el análisis de periodistas que han hecho de la verdad un escudo. El conversatorio que acompañó este lanzamiento no fue una charla académica, sino un llamado de urgencia desde la experiencia de quienes han narrado la complejidad del conflicto interno, el impacto de los grupos armados ilegales, su relación con el narcotráfico y el control territorial por los recursos naturales y las rutas en Colombia.

¿Y cómo desarmar la palabra? : voces de autoridad
Dora Montero Carvajal, periodista de investigación regional especializada en cobertura de conflictos socioambientales, presidenta de Consejo de Redacción, referente de investigaciones como Tierra de Resistentes, tres veces Premio Simón Bolívar y Premio Gabo al periodismo, recordó que la visibilidad es un arma de doble filo: mal gestionada, puede sentenciar a un líder. Su tesis es clara: la protección empieza por ir a los territorios, hacer una cobertura consciente y honesta, para narrar la causa (el territorio, el agua, las problemáticas, los derechos) antes que exponer al sujeto.
Gloria Castrillón Pulido, periodista con enfoque de género y la mente tras Colombia+20 en el diario El Espectador, enfatizó en la necesidad de una mirada territorial con enfoque de género más allá de las cifras que hoy ya se cuentan como datos deportivos. El estigma no solo viene de los grupos armados, sino de la omisión y el sesgo de las salas de redacción que no logran entender la complejidad de la paz y sus diferentes matices, para priorizar la vida, antes que los números de lectura y rating.
Óscar Parra, director de Rutas del Conflicto, Premio Rey de España también Premio Simón Bolívar, advirtió sobre las “burbujas de desinformación”. En la era digital, el algoritmo solo acorta los tiempos de concentración, también puede aislar el dolor de las regiones, haciendo que el asesinato de líderes y lideresas sea apenas un “ruido” lejano para las personas que habitan lo urbano.
Justamente, con respecto a la labor informativa, y en la advertencia del periodismo especializado, desde Cobsepaz mediante nuestro Observatorio PAZES, generamos informes profundos sobre la realidad del conflicto en los diferentes territorios colombianos, y la afectación a la vida de personas firmantes de paz y sus familiares, liderazgos sociales y personas defensoras de DDHH.
Este es un ejercicio basado en rigurosa investigación con fuentes directas en territorio y en tiempo real, que entregamos a manera de insumo no sólo a entidades de Gobierno en todos sus niveles, sino también a las universidades, organizaciones no gubernamentales, cooperación internacional y medios de comunicación, ofreciendo asiento real documentado y sustentado en cifras, para la realización de los aportes a la construcción de la paz territorial.

La campaña Tejido Vivo, lanzada por la Defensoría del Pueblo de Colombia nos invita a escuchar, dialogar y desarmara la palabra para usarla como garantía de vida. Cobsepaz se suma a este llamado, integrando nuestros discursos y acciones de reparación y restauración con el monitoreo constante de nuestro Observatorio PAZES, y así contribuir al freno de la estigmatización y las violencias en sus diferentes expresiones.
Luchar contra la estigmatización para proteger a quienes defienden los derechos humanos es un mandato constitucional y un imperativo ético. Por eso seguimos apostando por una transición nacional: de una sociedad que sospecha de sus liderazgos a una que los abraza como los guardianes de nuestro futuro colectivo.
¡Desarmar la palabra para que sea, de una vez por todas, garantía de vida!